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    verdeTeruel
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La trashumancia ha existido en España durante siglos. La migración tradicional de rebaños, en los que pastores guiaban a sus manadas a través de una inmensa red de caminos conocidas como cañadas, ha jugado un papel social, económico y medioambiental de vital importancia en la historia del país, pero en estos momentos lucha por sobrevivir.

Voy a acompañar a Lionel Martorell, uno de los últimos pastores trashumantes de España, en un recorrido de cinco días del mes de noviembre desde las montañas del este de Teruel hasta las tierras bajas del Delta del Ebro en busca de un clima más benévolo y mejores pastos para sus vacas. A pesar de vivir en un pueblo a 1.350 metros de altitud habitado por unas doscientas personas en invierno, Lionel acoge de buen agrado la idea de que un desconocido siga de cerca sus quehaceres. Otros se muestran más cautelosos -. Cuando llego a Fortanete, en la comarca turolense del Maestrazgo, un anciano me llama, intrigado por mi presencia en su pueblo y deseoso de descubrir mis intenciones. “La trashumancia fue muy importante en el pasado – hasta treinta familias se encargaban de llevar rebaños a las llanuras, pero en estos momentos sólo dos del pueblo lo siguen realizando” me cuenta, una vez explico mi presencia. “ La práctica se está muriendo, y su fin es inevitable”.

Fortanete, situado al sureste de la comunidad aragonesa, ha disfrutado a lo largo de la historia de un pasado trashumante notable. Los rebaños han realizado travesías desde tiempos de la Reconquista, disfrutando, casi siempre, de la protección de monarcas y organizaciones ganaderas de gran importancia económica como la Casa de Ganaderos, fundada en el siglo XIII.

Partimos temprano con noventa y una vacas de raza avileña, hermosos animales de negro pelaje y peso en torno a los seiscientos kilos, conocida por la calidad de su carne. Los animales comienzan a un ritmo fuerte, difícil de mantener. “Mira como un par de vacas lideran el camino”, me explica Lionel, “han realizado el trayecto con anterioridad – reconocen la ruta y son conscientes que nos dirigimos a mejores pastos. Este año andaremos más lentos, hay muchos terneros que se cansarán pronto. Además las vacas están más gordas este año gracias a que los pastos han sido buenos este año en la montaña. No podrán aguantar este ritmo”.

El día continúa sin incidentes, atravesamos La Iglesuela del Cid y entramos a Castellón desde Aragón cruzando el puente medieval del Arroyo de las Truchas en Sant Miquel de la Pobla. Aprovechamos los últimos rayos de luz, acabando la jornada en mitad de la noche, fieles a la ruta y al ritmo marcados inicialmente. A pesar del agradable clima otoñal, las noches son frías, por lo que agradecemos la hospitalidad de una granjera de Villafranca del Cid que nos permite dormir en un pajar mientras los animales descansan en un corral.

El sol sale para recibirnos en la siguiente etapa del viaje. Se prevé calor durante el día, por lo que los pastores optan por aprovechar el fresco del amanecer.

Una vez dejamos atrás el bosque de pinos, los límites de las cañadas están mejor definidos, muestran vestigios y elementos de actividad trashumante, como cobertizos, puentes para ganado, rediles, corrales y postes. En algunos casos es evidente que las autoridades han intervenido para cuidar el camino, pero algunos de los compañeros de viaje denuncian su abandono e insisten en su idea de exigir mejoras en el mantenimiento de las cañadas.

Nuestro día finaliza en la pedanía semiabandonada de La Llacua. Bebemos café y ponche para entrar en calor y el grupo intercambia historias, anécdotas y preocupaciones alrededor de la hoguera. “Estás siendo testigo de los últimos coletazos de las trashumancia en España” Lionel explica “sólo el 3% del ganado en este país es trashumante, y el número puede que disminuya. Mucha gente no ve las ventajas de esta práctica, que utiliza sus propios recursos y proporciona un producto excelente. Además, no estamos haciendo nada nuevo. Hace miles de años, los animales completaban las mismas rutas migratorias. ¿Cómo lo sabemos? Se han encontrado indicios de cazadores nómadas en estas montañas y en el Delta del Ebro. Los cazadores seguían a sus presas, por lo que sabemos que estos animales ya cubrían estas rutas en busca de mejor pasto y clima. Lo único que hemos hecho es domesticar estos animales, pero el proceso es idéntico”.

El tercer día amanece nublado, hoy es un día de barrancos. El primero, Salvassoria, llega sin avisar. Los jinetes van a pie, las vacas son guiadas monte abajo, cuidando que ninguna se pierda, algo bastante factible, a tenor del camino, la pendiente, la maleza y la inestabilidad del terreno hasta llegar a la Fuente de Salvassoria, donde las reses disfrutan de un descanso. Tras la comida, el recorrido nos lleva hasta la Rambla de Cervera, donde finalmente, deciden pasar la noche cerca del Barri d’Anroig.

El cuarto día nos lleva desde Xert hasta Mas de l’Avenc. Las vacas avanzan lentamente por caminos secundarios. El terreno va cediendo paso a campos de naranjales, almendros y olivos. Durante este día debemos realizar un tramo del trayecto por la CN-232, para lo cual contamos con la asistencia de la Guardia Civil, quienes frenan el tráfico. La presencia de carreteras y asfalto en las cañadas son ejemplos de los grandes inconvenientes a los que se enfrentan los animales. Algunas asociaciones ecologistas, además, defienden estas vegas argumentando su visión de las mismas como corredores verdes que unen distintos ecosistemas. La constante degradación de las cañadas, entre otras causas, se debe en gran medida por a la construcción o la ampliación de carreteras y al crecimiento de poblaciones cercanas, lo que causa estragos en el movimiento de ganado.

Al final de este cuarto día, el ritmo ha disminuido de forma considerable, los terneros tienen que descansar en vehículos de apoyo. La manada ha cubierto una media de 30km diarios, pero los animales se han empleado al máximo. El trayecto de regreso a las montañas en el verano puede resultar más duro para los animales a causa de las altas temperaturas, pero en esta travesía las rocas, piedras y el asfalto siguen siendo inevitables. El ganado ha empezado a sufrir a medida que las pezuñas se erosionan y comienzan a sangrar.

En la última noche, me despierto para admirar un cielo estrellado. Hacía tiempo que había olvidado que un cielo así podía ser disfrutado en el medio rural español. Pude ver otro claro ejemplo de cómo la trashumancia sintoniza con el paisaje y el medio ambiente.

El ganado entra en Cataluña en el quinto día de travesía, nuestro objetivo Amposta está a una jornada de distancia. Es el último día y recorreremos la última etapa pasando por San Rafael del Río, Els Valentins, Godall y La Galera. Miro a mi alrededor y veo los rostros cansados pero contentos de mis compañeros. La trashumancia ha formado el paisaje y las relaciones humanas en esta zona. La vida de un pastor trashumante puede no ser fácil. Sin embargo, para ellos, dejar a la familia durante temporadas, y soportar largas noches en soledad, se compensa, con el disfrute de la vida en plena naturaleza y, ante todo, la importancia de conservar un patrimonio de gran valor cultural.

Me invade la pregunta de qué ocurrirá si esta práctica desaparece, de cómo se transmitirá todo este legado de conocimiento. Todos procedemos a completar el último tramo del viaje, y yo no puedo dejar de pensar que he convivido con los últimos guardianes de una tradición milenaria.

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